El hombre quedó mirando el fuego por un largo
espacio de tiempo, tal vez buscando una respuesta o tal vez mofándose
secretamente de la pregunta. No cambió su expresión taciturna cuando contestó.
Escribo porque soy escritor. Escribo porque
para eso he nacido. Cuando escribo, dibujo un mundo que no existe. Cuando
escribo, creo una realidad que está dentro de mí, y no a mi alrededor. Cuando
escribo, soy un artista y soy creador. Cuando escribo puedo ser monje y marinero,
puedo convertirme en un perro de dos cabezas y en un pájaro parlante. Cuando
escribo, puedo salvar al mundo del infierno y puedo ser dictador de un Imperio
eterno. Puedo ser mago, estrella o árbol, puedo ser rey o puta. El infinito
está a mi alcance sólo posando mi pluma sobre el papel. Coloreo sueños y vendo
magia. Eso es lo que hago y su valor no depende de quien lea mis escritos igual
que la belleza de un cuadro no varía según su situación en un museo.
Ahora, dijo con una sonrisa enmascarada el escritor,
sabiendo lo que os he dicho, la pregunta es, ¿por qué no escribís vos?

Me encanta. Yo hubiese contestado lo mismo!
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