Viajo para ver, para saborear, para aprender. Para empaparme
de la sabiduría del mundo. Para respirar de la esencia del universo, que no es
más que la suma de todas las esencias. Viajo para conocer al ser humano: al
hombre y al monstruo. Viajo para encontrar la luz y la oscuridad de mis
entrañas. Viajo para entender de qué está hecho el aire que respiramos, para
definir mejor los colores y para hablar todos los idiomas: el idioma del llanto
y de la carcajada, del alma rica y del alma pobre, el idioma del mar y de los
árboles. Viajo para entender cuál es la fuerza que mueve los planetas y los océanos.
Y las inquietudes humanas. Viajo para formar parte de la lluvia. Y del sol. Y
de la gravedad. Creo que viajo para entender a qué huele el amor y cuál es su
semilla.
Existo para viajar. Viajo para ser, para buscar, para
entender.
Vivo viajando hoy para un día morir. Pero morir en un
suspiro que esté lleno de vida.

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